ALMA DE
BANDONEÓN
Una actividad consagrada al bandoneón, en manos de una mujer. Olga Bruñini es una bahiense que heredó de su padre la
habilidad y los recursos para reparar bandoneones. A esa labor
consagra sus mejores horas y sus mayores afectos.
No existen en el país demasiadas personas que conozcan los
secretos de este instrumento, íntimamente vinculado al tango.
Ella considera que seguramente hay afinadores en otras partes de
la Argentina. “Tiene que haberlos; lo que no existe es otro
taller tan completo como el que me dejó mi papá”, indicó la
luthier.
OLGA BRUÑINI
Con los tres talleres y la habilidad heredados de su padre,
Olga Bruñini fabrica las piezas que faltan, limpia y
compone las arruinadas y transforma un conjunto de viejas partes
en un impecable bandoneón.
Pero lo que mas sorprende de esta mujer no es la destreza con que
realiza su oficio, sino la dicha que encuentra en la tarea.
“Después de tantos años en este trabajo, puedo decir que soy
la persona mas feliz del mundo”, sostiene.
LOS DUENDES
DE SU SON
En los días en que se siente inspirada, nada puede competir con su
trabajo: ni el reloj, ni el sol que entra por la ventana de
cualquiera de los tres talleres, ni el cansancio.
Olga utiliza con mas cariño que cuidado la perforadora, la sierra,
la pulidora y otras herramientas fabricadas por su padre.
“Seguramente hay afinadores en otras partes de la Argentina, tiene
que haberlos; lo que no existe es otro taller tan completo como el
que me dejó mi papá", asegura.
Cuenta que aprendió a componer y afinar bandoneones, acordeones y
verduleras de su progenitor, Humberto, un suarense autodidacta que
perfeccionó sus conocimientos desde los 14 años, cuando, en una
fiesta de cumpleaños, arreglo el fuelle de una verdulera rota.
De sus tres hijos, dos mujeres y un varón, sólo Olga aprendió el
oficio.
“De chica jugaba en el taller con las teclas, que parecían
pelotitas, y con los cartones de los fuelles”, memora.
Aunque conocía los principales secretos de la tarea, recién se
decidió a trabajar codo a codo con su padre hace 24 años, cuando
quedó viuda y encontró, en el retorno al hogar y en los fuelles,
un consuelo para el espíritu.
“Es una tarea muy noble: uno recibe en una caja o en una bolsa
de arpillera un conjunto de piezas y, al cabo de 30 o 40 días,
entrega un instrumento totalmente distinto, limpio y arreglado.
Pone lo mejor para que la tarea salga bien y la satisfacción esta
en tratar de superarse todos los días”_
EL FUEYE POR
DENTRO
Va recordando a aquellos tiempos al lado de don Humberto: “él
nos ponía a jugar con las teclas, así que aprendíamos jugando.
Después comenzamos a hacer zapatillas, balancines; yo me
destacaba haciendo fueyes... ¿Qué es el fueye? Consta de
tres partes. Se hace con cartón, lleva 70 cueros de napa o
cabretilla, 60 tiras de cuerina cortada, que van en los lomos,
tanto en la parte de adentro como en la de afuera. Después se pone
papel. Lleva 144 papelitos, lleva 15 tiras de cuerina de un
centímetro de espesor, depuse van 60 punteras, ocho anchas, dos
marcos, y después que está hecho todo esto, recién se adhiere a la
caja del bandoneón...”
Lo mas
importante para arreglar un bandoneón que llega a su taller
desafinado:
“Primeo hay que sacarle los defectos. La máquina, donde van
apoyadas las voces. A veces cambiar resortes,
algún
balancín, hay que arreglar 200 cueritos en total,
asegurar las planchuelas a los tabiques. Creo que no tiene
tanta importancia la afinación, sino los defectos que hay que
sacarle...”
“Los cueritos en un bandoneón o en un acordeón están para
tapar las voces. Cuando el instrumento abre, suena la voz
que esta dentro del tabique, y cuando cierra, suena la
voz que está libre; o sea que por cada voz hay un cuerito
que la tapa; si ese cuerito llegara a estar doblado o levantado,
cuando el aire se introduce provoca un mal sonido. Para evitar
eso, hay que cambiar todos los cueritos antes de hacer una
afinación...”
Todos los métodos en su taller son caseros. Únicos. Por eso
sigue explicando, casi sin pausas: “una de las tantas cosas que
mi padre inventó fue la ballenita. Consiste en colocarle una
ballenita a los cueros mas gruesos, que son los que más ruidos
hacen; porque las voces agudas llevan cueros...”
“Para que un bandoneón suene bien, hay que fijarse que no hay
pérdida de aire, que el fueye esté bien, hay que fijarse
que no hay pérdida de aire, que no estén torcidas las
planchuelas, hay muchos detalles, la gente –y hasta algunos
músicos- le hablan de una afinación brillante. Un bandoneón nunca
se puede afinar brillante, sino que lleva una afinación central.
Ahora, una afinación brillante se estila en los acordeones...”
El taller y la imagen de su padre, van de la mano: “yo tuve la
suerte de conocer otros talleres y he comprobado que no tienen un
banco de pruebas de los instrumentos como el que está en casa. Mi
padre ideó una máquina de afinar, en la que se puede afinar
bandoneón, un acordeón completo; la mano izquierda de un
bandoneón; puedo hacer la afinación individual, por planchuelas,
individual por voz, puedo hacer un trabajo completo...”
“No hay precios fijos; rara vez se trae un bandoneón para
afinar solamente, hay que hacerle otras cosas. El músico está a
veces un poquito confundido. Una afinación se hace una sola vez. Y
un buen cuidado es tocarlo, que tenga uso, que no lo dejen en
lugares húmedos, que de tanto en tanto se le dé una revisada; y si
hay algo que reparar, no tener dudas...”
6.044 ELEMENTOS
Al ahondar en el tema, florecen bus conocimientos: “¿sabe de
cuantas partes se compone un bandoneón? Llegue a contar 6.044
elementos. Están incluidos las 272 voces; 272 re-maches; 71
balancines; 71 teclas; 71 resortes; 32 muñequitos, que son de las
teclas mas agudas; dos tapas; un fueye, que tiene 60 punteras
60 cueritos; en fin...”
“Al bandoneón se le aplican cuatro liras en cada
parte. Debo destacar que eso es porque mi viejito hizo todas las
matrices, balancines, guillotinas, prensas; hasta el
destornillador mas raro para poder trabajar lo hizo él. Todo.
Luego, mi padre estableció que la lira tenía que significar una
demostración de afecto, de amistad; y comenzamos a entregarla
a los amigos. Ahora me toca a mi. Y cada lira que entrego y cada
trabajo que concluyo, lo hago en homenaje a mi padre...”
Cuando llegó, te oí reir cuando se fue, lloró tu son
en tu teclado está, como escondida hermano bandoneón toda mi vida.
Con tu viruta de emoción está encendida la llama oscura de tu
ausencia y de mi amor.
Cuando llegó, te oí reir cuando se fue, lloró tu sol.
Fueye, no andés goteando tristezas, fueye, que tu rezongo me apena.
Vamos, no hay que perder la cabeza, vamos, que ya sabemos muy bien
que no hay que hacer, que ya se fue de nuestro lao y que a los dos
no has tirao en el rincón de los recuerdos muertos.
Fueye, no andés goteando amargura Vamos, hay que saber olvidar.
Cuando llegó, cristal de amor.
Cuando se fue, voz de rencor.
Guardé su ingratitud dentro‘e tu caja
y con tu manta azul le hice mortaja.
Esa es la historia del castillo de baraja
que levantamos a tu arrullo bandoneón.
Cuando llegó, cristal de amor.
Cuando se fue, voz de rencor.
Fueye, no andés goteando tristezas, fueye, que tu rezongo me apena.
Vamos, no hay que perder la cabeza.
Vamos, si ya sabemos muy bien que no hay que hacer, que ya se fue de
nuestro lao, y que a los dos nos ha tirao en el rincón de los
recuerdos muertos.
Fueye, no andes goteando amargura.
Vamos, hay que saber olvidar.
Música: Charlo Letra: Homero Manzi
Bandoneón hecho por Humberto Bruñini en 1968. Estrenado en el día
del aniversario de la ciudad de Bahía Blanca. Los padrinos del
bandoneón fueron Gloria Díaz y Guillermo Fernandez.
Tapa en mal estado para proceso de limpieza y reparación.
Bandoneón ELA-ELA de 1929 Alemán, para reparación total.
Moho en la tapa mano derecha, en proceso de limpieza.